Por Enrico Udenio (Los Anteojos del Tata), 20 de noviembre 2023.

Hace dos semanas escribí la nota “¿Por qué puede ganar Milei?, así que hoy me toca intentar explicar, desde otro punto de vista, el por qué ganó.

Desde ya, el hartazgo popular era evidente, pero creo que el apabullante triunfo de Milei se debió más a los errores-horrores de la oposición y del oficialismo, que a sus propias virtudes.

En “Juntos por el Cambio”, hace un año, Larreta se veía como el seguro futuro presidente. Quizás esta postura hizo que no quisiera arriesgarse a prometer al pueblo cambios más profundos. La Bullrich quiso representar esa necesidad y salió a pelearle ese lugar. El tema fue que creían que ya no se peleaba una interna, sino la próxima presidencia de la nación. Entonces, esa competencia se transformó en una feroz pelea, inentendible para sus seguidores.

Y se equivocaron. Los mutuos agravios dinamitaron el espacio, y Massa y Milei fueron los grandes beneficiados.

Con la izquierda argentina, nada nuevo ocurría. Seguían como si estuviéramos en los años 70. No pueden cambiar de discurso aunque el mundo haya cambiado drásticamente en los últimos 50 años. El “no al FMI” suena ya casi ridículo, e insistir con los 30 mil desaparecidos desde hace medio siglo, cuando todos sabemos que el registro oficial es de 8.753, no solo genera hartazgo sino que también minimiza la cifra real, que ya de por sí es una monstruosidad. Y así les fue, así les va, y así les irá en el futuro. Pudiendo haber aprovechado la desastrosa performance del gobierno K para captar votos del oficialismo, terminaron pegados a Cristina.

Como broche final de la psicótica realidad de esta izquierda, lo de Bregman en el debate con el tema Hamas e Israel, fue el colmo de la estupidez. Un fiel reflejo del por qué pasan los años y siguen siendo siempre los mismos.

Se equivocaron, y Massa sacó provecho de eso al obtener muchos de sus votos.

En el caso del radicalismo, el tema de las equivocaciones no es nuevo. Casi siempre rumbearon para un lado cuando el mundo iba para otro. Desaparecidos después de su debacle del 2002, Macri los rescató con la asociación que fundó con uno de los radicales más inteligentes: Ernesto Sanz. Pero no se bancaron “ser menos que el PRO”, y con la ayuda de Morales, un ambicioso del poder, ayudaron a dinamitar JxC al no aceptar los consejos de su principal fundador en darle cabida a Milei dentro de su espacio político. Se olvidaron de que si aspiras a ser el centro ideológico en un país, debes darle cabida no solo a la izquierda, sino también a la derecha.

Una vez más, se equivocaron, y Massa y Milei lo aprovecharon para llegar al ballotage.

Finalmente, Massa logró ganar la elección nacional pero tuvo un problema: creyó que de verdad habían sacado más votos que Milei. Grave error de un movimiento político que sabe bien lo que significa no tener suficientes fiscales en una elección. Y Milei no los tenía. Por ejemplo, en una mesa en Neuquén, LLA había obtenido en las PASO el 52% de los votos y Massa 14%, pero en la elección nacional, Milei consiguió solo 13% y Massa 48%. Era obvio, esa mesa no tenía fiscales de LLA. Cuando al día siguiente de la elección, Macri apoyó a Milei tenía plena conciencia de este detalle. Sabía que no era posible tanta diferencia entre las PASO y la Nacional, salvo que hubiera habido fraude por la falta de fiscales. Ni tonta ni perezosa, Bullrich siguió los pasos de Macri de manera inmediata y le proveyeron de fiscales para afrontar el ballotage.

Es entonces cuando Massa cometió el error que lo llevó a perder la elección. En lugar de mandar señales concretas que, por ejemplo, no iba a apoyar el juicio a la Corte, o que no se iba a meter en las decisiones judiciales en las causas de Cristina, o que no estaba de acuerdo con la actitud belicosa de la izquierda contra el FMI, ni contra la idea de reducir el tamaño del Estado, o la necesidad que tiene el país en reformar las condiciones laborales, basó su campaña en atacar algunas ideas utópicas y anticulturales de Milei. El candidato oficialista eludió hablar de los temas que le interesaban a toda esa gente que no quería más un gobierno-k.

Grave error estratégico. Si lo hubiera hecho, tanto el sector K como la izquierda lo habrían insultado, pero en un ballotage contra Milei, ya no tenían otra alternativa que votarlo a él o votar en blanco. Jamás hubieran votado a Milei, y Massa habría conseguido los votos de gran parte de los que ya no querían saber nada con las políticas K.

En cambio, en los hechos concretos, no se diferenció de Cristina.

Massa se equivocó mal. Su error fue gravísimo desde lo estratégico y mostró de lo que carece pero que Milei tiene de sobra: coraje y sinceridad.

Principalmente Milei ganó porque todos los demás se equivocaron mucho. Es que no captaron que esta vez, el pueblo quería tener una esperanza, quería un cambio grande, aunque como todo cambio que es profundo, no se pueda asegurar que termine siendo bueno.

Por supuesto, más allá de los errores ajenos, Milei tuvo la virtud de aprovechar el catastrófico momento que vive la Argentina.

El periodista Carlos Pagni lo detalló muy bien: “Milei consiguió, en este contexto deprimente, encender la chispa de la representación en una amplia franja de la ciudadanía. No se dedicó a explicar a esos votantes qué él sabía lo mal que se sentían. Prefirió hablar, gritar, insultar, gesticular, como alguien que se siente como ellos. Supo conectar con un clima de época y, en una operación típica del impulso populista, capturó el desasosiego del público para redireccionarlo hacia la dirigencia. Hacia lo que él llamó, repitiendo una palabra que expresó tanto al fascismo de Benito Mussolini como a Podemos, de Pablo Iglesias, casta.”

Tenemos un nuevo presidente debido a un conjunto de errores de la oposición, y a esa innegable virtud del ganador: saber conectarse con el desasosiego del pueblo.