
El homenaje a Urquiza y las conmemoraciones que este domingo nos reúnen en Plaza Ramírez invitan a mirar nuestra historia con orgullo, pero también a preguntarnos qué ciudad les dejaremos a las próximas generaciones.
Por Pablo Presas, economista y concejal.
Este domingo 25 de octubre, Concepción del Uruguay volverá a encontrarse con su historia. El desfile en Plaza Ramírez, con la participación de Granaderos, Patricios, instituciones y comunidades educativas, será una oportunidad para compartir el orgullo de pertenecer a una ciudad que tuvo un papel fundamental en la construcción de la Argentina.
Este año confluyen tres aniversarios: los 225 años del nacimiento de Justo José de Urquiza, los 200 de la elevación de Concepción del Uruguay al rango de ciudad y los 175 del Pronunciamiento. Tres acontecimientos diferentes, unidos por una historia que nos distingue y también nos compromete.
Hace unos meses, con motivo del aniversario de nuestra fundación, compartí una reflexión que estas conmemoraciones vuelven especialmente oportuna: cada generación recibe una ciudad, la transforma y deja una herencia. Por eso, al recordar a quienes nos precedieron, también deberíamos preguntarnos qué estamos construyendo para quienes vendrán después.
Tomás de Rocamora nos dejó el punto de partida de una comunidad que fue formando su identidad. Décadas después, Urquiza contribuyó decisivamente a proyectarla hacia el país y hacia el mundo. Desde esta tierra impulsó la organización nacional, promovió la Constitución y fortaleció la educación con el Colegio del Uruguay.
Esta semana tuve la oportunidad de participar, en ese mismo Colegio, de la conferencia “Urquiza y la Constitución: el triunfo de la organización nacional”. Una ocasión para volver a reflexionar sobre la dimensión de aquel desafío: construir acuerdos, establecer reglas comunes y dar una organización institucional a un país atravesado por enfrentamientos.
Su legado invita a pensar en la relación entre las decisiones del presente y las posibilidades del futuro. Educar, organizar las instituciones y generar condiciones para producir eran apuestas cuyos resultados trascendían su propia época.
Hay allí una enseñanza vigente: el desarrollo requiere visión, capacidad de organización y decisiones que maduran mucho después de haber sido tomadas.
Esa mirada sigue siendo útil para pensar Concepción del Uruguay.
Nuestra ciudad cuenta con una tradición educativa extraordinaria, instituciones valiosas, capacidad productiva, patrimonio histórico y recursos naturales. También tiene vecinos que trabajan, emprenden, investigan y sostienen organizaciones sociales, culturales y deportivas. Transformar esas fortalezas en mejores oportunidades exige un esfuerzo compartido y una orientación clara.
Una ciudad progresa cuando sus instituciones generan confianza, cuando las reglas se conocen y se cumplen, cuando un emprendimiento puede avanzar con trámites razonables y cuando la administración pública utiliza bien los recursos que recibe de la comunidad. También cuando cuida su ambiente, planifica su crecimiento y conecta la educación con las oportunidades de trabajo.
Quienes tenemos responsabilidades públicas debemos contribuir a que esas condiciones perduren. Las decisiones sobre infraestructura, ordenamiento urbano, formación y organización municipal tienen consecuencias que superan cualquier mandato. Por eso necesitamos discutir qué ciudad queremos dentro de veinte años y qué pasos debemos dar hoy para acercarnos a ella.
El desfile reunirá a distintas generaciones alrededor de una historia compartida. Entre quienes participen habrá chicos que conocerán mejor a Urquiza, estudiantes de nuestras instituciones y familias que encontrarán una ocasión para celebrar su pertenencia. Esos chicos serán quienes vivan buena parte de las consecuencias de nuestras decisiones actuales.
Este domingo tendremos motivos para emocionarnos y sentir orgullo. Ojalá esa emoción también nos impulse a asumir nuestra parte de responsabilidad.
Recibimos una ciudad que hizo historia. Nos toca construir una ciudad que vuelva a abrir caminos. Que las próximas generaciones tengan motivos para quedarse, oportunidades para progresar y razones para sentirse orgullosas de lo que fuimos capaces de hacer.
Ese será nuestro legado. Y el mejor homenaje a quienes nos precedieron.