Con la salida de Juan Ruiz Orrico, el gobernador perdió en la ciudad a quien aparecía como su candidato natural. Hoy conserva funcionarios, concejales y dirigentes provenientes del PRO, la UCR, el peronismo y otros espacios. El problema ya no parece ser la falta de nombres, sino la ausencia de un liderazgo capaz de ordenar un armado que llega a 2027 fragmentado y con varias aspiraciones en competencia.

INFORME ESPECIAL DE LA PIRÁMIDE

La política tiene una regla que suele cumplirse con bastante precisión: tener dirigentes no significa tener un equipo, y tener cargos no equivale necesariamente a tener votos.

Ese parece ser, por estas horas, el principal desafío de Rogelio Frigerio en Concepción del Uruguay.

La tragedia vial protagonizada por Juan Ruiz Orrico en 2024 no sólo interrumpió abruptamente la carrera política de quien había sido candidato a intendente de Juntos por Entre Ríos en 2023. También modificó de manera sustancial el escenario que el frigerismo había comenzado a construir para volver a disputar el gobierno municipal en 2027.

Orrico era, hasta entonces, el candidato natural del gobernador. Había ganado la interna de Juntos en 2023 con el 35,77% de los votos, por encima de otras cinco listas, y luego había quedado segundo en la elección general detrás de José Lauritto.

Pero su principal activo político no había sido solamente electoral. Había logrado algo mucho más difícil: reunir detrás de una candidatura a sectores de procedencias muy diferentes.

Su salida dejó al espacio oficialista provincial sin una figura que ocupara naturalmente ese lugar.

Y allí aparece la paradoja.

Frigerio tiene hoy más dirigentes vinculados a Concepción del Uruguay dentro de su estructura de gobierno que en aquel momento. Hay funcionarios, concejales, referentes partidarios, dirigentes con experiencia electoral y otros con responsabilidades institucionales. Hay PRO, radicales, peronistas y expresiones independientes.

Lo que no hay, al menos por ahora, es un conductor indiscutido.

Ese es el verdadero rompecabezas que deberá resolver el gobernador si pretende convertir una suma de nombres en una alternativa electoral competitiva para 2027.

El PRO: cercanía con Frigerio, pero la incógnita electoral

El PRO constituye naturalmente el núcleo más cercano al gobernador. Allí aparecen Jorge Satto, Leandro Clapier, Héctor Vazón, Martín Di Mario y Diego Charreun, entre otros.

Pero el partido también sufrió una baja significativa con la salida de Evelyn Viganoni, exconcejal y candidata a viceintendenta de Orrico en 2023. Viganoni había integrado el gobierno provincial y, a fines de 2025, asumió la conducción departamental del PRO. Tres meses después anunció su alejamiento de la función pública y de la actividad política.

Jorge Satto es probablemente el dirigente del PRO uruguayense con mayor trayectoria. Fue diputado provincial, estuvo al frente de Turismo y actualmente preside el EMTURER.

Leandro Clapier, en tanto, comenzó a hacer explícita su intención de participar en la construcción electoral de 2027 desde la conducción del Instituto de Zona Franca. Su nombre tomó mayor dimensión cuando Satto, además socio suyo en el estudio jurídico que comparten, expresó públicamente su respaldo a esa posibilidad.

Héctor Vazón ocupa un lugar institucional relevante como presidente del Consejo de la Magistratura, mientras que Martín Di Mario y Diego Charreun integran una segunda línea de dirigentes con responsabilidades dentro de la administración provincial.

El problema del PRO no está en la cercanía con Frigerio. Está en otro lugar: ninguno de estos nombres ha demostrado todavía, por sí solo, un volumen electoral comparable con el que el espacio necesita para disputar una elección municipal.

El PRO tiene al gobernador. Tiene cargos. Tiene dirigentes.

Ahora necesita demostrar que también puede construir votos.

La UCR: estructura, historia y una dificultad que no es nueva

Si al PRO le falta volumen electoral comprobado, al radicalismo le ocurre algo diferente.

La UCR tiene historia, estructura territorial y dirigentes con trayectoria. Su problema es otro: la dificultad para actuar como un conjunto.

En el sector más directamente vinculado al oficialismo provincial aparecen Hernán Marcó, José Antonio Artusi, Felicita Rodríguez, Karina Percara, Marcos Di Giuseppe y el diputado provincial Silvio Gallay.

Marcó ocupa responsabilidades en la Unidad Ejecutora Provincial y fue candidato a senador departamental en 2023. Artusi, dirigente histórico del radicalismo y exdiputado, integra actualmente el directorio del IAPV. Di Giuseppe conduce el Puerto de Concepción del Uruguay y Gallay aporta su banca en la Cámara de Diputados. Felicita Rodríguez suma una extensa trayectoria partidaria y legislativa.

Karina Percara, por su parte, tiene representación electoral propia desde su banca en el Concejo Deliberante. También fue la primera en romper el bloque surgido de Juntos por Entre Ríos para conformar Juntos por Concepción, aunque posteriormente los tres concejales volvieron a reunificarse durante un período.

El radicalismo también perdió una figura de peso local: José Gurne. Después de ocho años como concejal y de haber presidido el bloque opositor de Juntos por el Cambio, no encontró lugar en la nueva estructura provincial. Lauritto terminó incorporándolo a su gobierno como responsable de Control de Gestión.

La historia no termina allí.

Guillermo Vázquez y Ernesto Bulay representan otra vertiente de la UCR. Ambos participaron en 2023 de Juntos por Entre Ríos, pero desde el sector que a nivel provincial enfrentó a Frigerio y acompañó la precandidatura de Pedro Galimberti.

Vázquez, además, disputó la interna por la Intendencia de Concepción del Uruguay y obtuvo 1.122 votos, equivalentes al 6,82% de los sufragios de Juntos.

La incógnita es qué harán ahora.

Con Frigerio consolidado en la Gobernación y un escenario político diferente al de 2023, ese sector deberá decidir si se integra plenamente al armado oficialista, conserva una identidad diferenciada o intenta reconstruir una alternativa propia dentro del radicalismo.

Porque el problema histórico de la UCR uruguayense no ha sido la ausencia de dirigentes.

Ha sido, justamente, la dificultad para ordenarlos detrás de una conducción común.

Y Frigerio necesitará a la UCR si pretende ganar Concepción del Uruguay. Pero antes deberá conseguir algo que el propio radicalismo viene intentando desde hace años: encontrar un punto de encuentro entre sus distintas tribus.

Los peronistas que terminaron con Frigerio

La tercera pata del armado está integrada por dirigentes provenientes del peronismo que hoy forman parte del gobierno provincial.

El nombre más visible es Ricardo Vales, actual secretario de Gobiernos Locales y exviceintendente. Vales rompió con el oficialismo justicialista local y en 2023 compitió por la Intendencia dentro de Juntos por Entre Ríos.

Obtuvo 3.309 votos, el 20,11% de aquella interna, y quedó tercero detrás de Orrico y Aníbal Steren.

Su recorrido plantea una particular dificultad electoral. Su incorporación al frigerismo fue interpretada como una ruptura —e incluso una traición— por sectores del peronismo local, mientras que su pasado dentro de distintas administraciones justicialistas tampoco necesariamente facilita su llegada al electorado históricamente opositor.

Otra es la situación de Marcelo Bisogni.

Dos veces intendente y durante años uno de los principales dirigentes del justicialismo uruguayense, actualmente integra CAFESG. Su valor dentro del armado no parece estar necesariamente en una eventual candidatura, sino en su conocimiento de la política local, su experiencia y su capacidad de interlocución.

A ellos se suma Carlos Máximo Acosta, funcionario jerárquico de ENERSA. Fue funcionario durante la gestión municipal de Marcelo Bermúdez, permaneció durante años alejado de la primera línea política y regresó con la administración provincial. Además, es tío del ministro Manuel Troncoso.

El movimiento contrario lo protagonizó Jorge Sittoni.

En 2023 fue precandidato a intendente de Juntos y obtuvo 1.563 votos, el 9,50% de aquella interna. Después de las PASO abandonó ese espacio, respaldó a Lauritto y terminó incorporándose al gobierno municipal.

Los recorridos de Vales, Bisogni, Acosta y Sittoni permiten observar un fenómeno cada vez más visible en la política uruguayense: las fronteras partidarias son bastante más permeables que hace algunos años.

Los dirigentes se mueven.

Los electorados, no necesariamente.

Y allí aparece uno de los interrogantes centrales para Frigerio: cuánto de esos pases políticos puede transformarse efectivamente en votos.

Uruguay Se Puede: el sector que ya demostró tener caudal propio

En el universo que escapa a las estructuras tradicionales aparece uno de los datos electorales más importantes de la interna de 2023.

Aníbal Steren, principal figura de Uruguay Se Puede y actual secretario de Transporte provincial, obtuvo 4.315 votos, el 26,22% de aquella interna de Juntos por Entre Ríos.

Quedó segundo detrás de Orrico, pero por encima de Vales, Sittoni y Vázquez.

Ese resultado tuvo una lectura política concreta: Uruguay Se Puede no era simplemente un espacio destinado a negociar lugares dentro de una alianza. Había conseguido construir un caudal electoral propio.

La posterior integración de las listas aportó otro dato significativo. Pablo Presas y María Isabel Sola, primero y segunda en la lista de concejales de Steren, terminaron ingresando al Concejo dentro de los tres lugares obtenidos por Juntos por Entre Ríos.

Presas, economista y actual concejal, tiene una trayectoria política particularmente transversal. De raíz familiar peronista, fue funcionario provincial durante las gestiones de José Lauritto y Hugo Cettour. Luego se alejó de la política para dedicarse a la actividad privada y regresó desde Uruguay Se Puede.

En 2023 llegó al Concejo por Juntos y posteriormente conformó su propio espacio, Pensando Concepción.

Su recorrido le permite moverse en una zona políticamente difícil de clasificar: vínculos con sectores peronistas, llegada al ámbito privado y relaciones con dirigentes de diferentes espacios.

Su desafío será transformar esa capacidad de articulación en estructura política y, fundamentalmente, en volumen electoral.

María Isabel Sola representa otra historia.

Oriunda de Gualeguaychú, llegó al Concejo después de una disputa por la banca que había quedado vacante tras la renuncia de Roberto “Monito” Bahler. La discusión con Gerardo Martín Domínguez terminó en el Tribunal Electoral provincial, que finalmente resolvió a favor de Sola.

La unidad posterior de los tres concejales electos por Juntos volvió a durar poco.

Sola terminó alejándose tanto de Uruguay Se Puede como del espacio de Las Rogelianas y construyó su propio bloque, Entre Todos Entre Ríos Uruguay (ETER), alineándose con el espacio de Emilio Martínez Garbino.

El recorrido de aquellos tres concejales —Percara, Presas y Sola— ofrece, en cierta medida, una síntesis del problema que atraviesa el frigerismo local: una alianza electoral que consiguió representación, pero que después tuvo dificultades para sostener una conducción política común.

En un segundo plano aparecen Aldo Montañana, Mariano Farías, Facundo Surraco y Martín Domínguez, entre otros dirigentes con distintos niveles de vinculación con el oficialismo provincial.

El resultado es una fotografía difícil de ignorar: buena parte de los dirigentes que confluyeron detrás de Frigerio en 2023 hoy transitan caminos políticos diferentes.

Muchas piezas. Ningún conductor
La fotografía completa resulta, cuanto menos, llamativa.

Frigerio tiene dirigentes vinculados a Concepción del Uruguay en Turismo, Transporte, Gobiernos Locales, IAPV, CAFESG, Zona Franca, Puerto, ERRTER, ENERSA, Unidad Ejecutora Provincial, Comedores y otros organismos.

Es una representación numerosa y políticamente diversa.

Pero una estructura administrativa no se convierte automáticamente en una estructura electoral.

Y allí aparece la principal debilidad del oficialismo provincial en la ciudad.

No se trata de la falta de nombres. Se trata de la ausencia de un liderazgo capaz de convertir esos nombres en un proyecto común.

PRO, UCR, dirigentes provenientes del peronismo y espacios independientes tienen historias diferentes. Algunos tienen aspiraciones municipales. Otros buscarán una banca. Algunos necesitan conservar posiciones dentro del gobierno provincial. Otros intentan fortalecer sus propias construcciones.

Todos pueden coincidir en una cosa: querer que Frigerio gane en 2027.

Pero eso no significa necesariamente que todos quieran que gane el mismo candidato.

La interna de 2023 permite medir la magnitud del problema.

Orrico obtuvo 5.886 votos. Steren, 4.315. Vales, 3.309. Sittoni, 1.563. Vázquez, 1.122. Amelia Sosa, 262.

Orrico ganó con el 35,77%.

Dicho de otro modo: casi dos de cada tres votantes que participaron de aquella interna habían elegido inicialmente a otro candidato.

El mérito político de Orrico fue conseguir, después de las PASO, ordenar buena parte de ese universo detrás de su candidatura.

Hoy ese liderazgo no existe.

Y ese vacío es el principal problema que Frigerio deberá resolver.

El verdadero desafío empieza antes de las elecciones

El escenario de 2027 todavía tiene demasiadas variables abiertas. Incluso permanece la incertidumbre sobre la existencia o no de PASO.

Pero hay algo que el gobernador no puede postergar demasiado: ordenar el tablero.

Porque si existe una instancia interna, puede convertirse en el mecanismo para dirimir las candidaturas. Si no existe, la negociación política deberá hacer ese trabajo.

Y cuanto más se acerque el calendario electoral sin un ordenador claro, mayor será la posibilidad de que las distintas piezas comiencen a moverse por cuenta propia.

Ese es el riesgo.

Porque algunos dirigentes pueden tener como prioridad la Intendencia; otros, una banca; otros, conservar su lugar en la estructura provincial; y otros, simplemente fortalecer su espacio pensando más allá de 2027.

También persisten discusiones internas sobre el funcionamiento del armado de 2023 y sobre el papel que tuvieron determinados dirigentes durante aquella campaña. Entre los nombres que aparecen mencionados en esas discusiones figura Jorge Tabárez, dirigente llegado desde la provincia de Buenos Aires, a quien algunos sectores atribuyeron responsabilidad en determinadas decisiones de aquella campaña.

Su reciente participación en un encuentro que reunió a dirigentes del PRO y la UCR alrededor de Mauricio Colello volvió a colocarlo dentro del radar político local.

Todo esto demuestra que el problema no es solamente electoral.

Es, antes que nada, político.

Frigerio tiene funcionarios. Tiene partidos. Tiene dirigentes. Tiene concejales con representación electoral. Tiene sectores que ya demostraron capacidad para reunir votos.

Tiene, en definitiva, las piezas.

Lo que todavía no tiene en Concepción del Uruguay es un equipo ordenado detrás de un candidato capaz de disputar el poder municipal.

Y esa diferencia puede ser decisiva.

Porque una cosa es construir una estructura para sumar votos que ayuden a una eventual reelección del gobernador.

Otra, bastante más compleja, es construir una candidatura capaz de derrotar a un peronismo que en Concepción del Uruguay conserva territorio, estructura y, por ahora, conducción.

La pregunta de fondo, entonces, no es cuántos dirigentes tiene Frigerio en la ciudad.

La pregunta es si logrará convertirlos en un equipo.

Y detrás de esa pregunta aparece otra, todavía más incómoda: si el gobernador realmente pretende construir una alternativa para ganar Concepción del Uruguay en 2027, o si su objetivo será simplemente reunir el caudal electoral suficiente para sostener su propio proyecto provincial.

La respuesta empezará a verse mucho antes de que comiencen las campañas.