En Argentina los municipios son fábricas de políticos partidarios que terminan infectando el Estado con cargos partidarios en provincia y nación.

Por Diego Berazategui en Clarín

Viví hasta mis 17 años en Moquehuá (Provincia de Buenos Aires), donde trabajé en el agro con mi padre, sufrí –por entonces sin saberlo– muchos problemas generados por el déficit de infraestructura. Al finalizar el secundario, fui a estudiar a la ciudad de Buenos Aires, pensando que regresaría a Chivilcoy a fabricar maquinaria agrícola. Pero eso no sucedió… Desde que llegué a Australia, todos los días me pregunto ¿por qué esto acá funciona y allá no? y consistentemente encuentro que la diferencia está en el sistema.

El problema de Argentina está en las instituciones y todo lo demás es solo un síntoma. Querer curar la pobreza o la inflación sin primero reparar al sistema es como querer curar la fiebre con hielo.

Vivo en Perth, donde los cisnes son negros. Cuando los ingleses llegaron no veían cisnes porque crearían que eran blancos. De ahí nace la Teoría del Cisne Negro.

Cuando le cuento a un argentino cómo funciona un municipio en Australia, suele suceder –podríamos decir– que cree que le estoy hablando de un pato, cuando en realidad se trata de un cisne negro, es difícil imaginar algo que nunca se ha experimentado.

Los municipios en Australia no son gestionados por políticos partidarios, son los propios vecinos los que se encargan de esa tarea.

Mi municipio, Melville, tiene doce concejales, dos por cada barrio. Los concejales –insisto– son vecinos que eligieron postularse para asumir esa responsabilidad, por ende, la postulación se hace a nombre propio y no por la designación de una agrupación política.

Mis dos concejales residen en mi barrio, lo que implica que, si votan algo que no me gusta, tengo la posibilidad de reunirme y pedirles explicaciones.

Cualquier vecino puede postularse a las elecciones. No es necesario contar con la habilitación de un partido político. Cobran sólo por las reuniones a la que asisten y no tienen gastos de representación. Si vamos a los números, el “costo” de los doce concejales es equivalente al salario mensual de tres policías.

Los concejales mantienen su actividad privada, si el concejal se corrompe, además de perder la confianza de sus vecinos, quizás también pierda su trabajo o su empresa. ¡Incentivos bien diseñados!

Además de los concejales, tenemos un intendente (Mayor), quien también es un vecino independiente que decidió postularse y ganó las elecciones. Insisto: votamos a un vecino; no a un partido político.

El intendente no tiene rol ejecutivo, es presidente del Concejo y representante político del municipio. Para gestionar el municipio, el Concejo elige un gerente, alguien que ya gestionó con éxito otro municipio.

Mis representantes trabajan para mi ciudad y no para un partido político. No tienen incentivos para usar el presupuesto para ayudar a un partido político a ganar elecciones porque no son partidarios. Y además tampoco podrían, ¡porque no ejecutan presupuesto!

El Gerente Ejecutivo de la ciudad está obligado a mantener determinados indicadores de gestión y publicar un reporte anual en el cual se detallan las acciones, gastos y logros obtenidos: organización del municipio, cantidad de empleados en cada área, descripción de los puestos, salarios, biografía de los concejales, etcétera. Transparencia 100%.

El gerente tiene por lo general un contrato de trabajo por cinco años. Como en cualquier mercado laboral, los gerentes que mejor se desempeñaron tienen mejores posibilidades de conseguir un puesto equivalente o mejor en otro municipio.

Esto tiene un impacto enorme en la eficiencia y efectividad con la que se manejan los recursos del municipio y eso se ve en la calidad de la infraestructura y servicios. También el municipio defiende a los vecinos ante el Estado.

Por otra parte, los municipios publican indicadores estándar, lo que permite que la gente pueda comparar los municipios entre sí y elegir dónde vivir e invertir. ¡¡Competencia!!

En Argentina los municipios son fábricas de políticos partidarios que terminan infectando el Estado con cargos partidarios en provincia y nación.

¿Qué se podría hacer en mi municipio para comenzar a cambiar las cosas?

Primero, cambiar el motor de las decisiones en los municipios. Qué las decisiones se basen en lo mejor para los vecinos del municipio en vez de basarse en carreras políticas individuales o beneficios al partido del intendente.

Esto podría lograrse fácilmente exigiendo que el intendente delegue la responsabilidad ejecutiva en un gerente ejecutivo calificado no partidario. El intendente, partidario, se limitaría entonces a presidir el concejo.

Segundo, que la gestión del gerente sea contrastable con indicadores. Exigiendo reportes anuales que contengan listado de gastos, indicadores y contrataciones, la comunidad podría dar seguimiento y comparar contra años anteriores y con otros municipios. Cambios simples para lograr una gran mejora.

Diego Berazategui es Director de Akrom y presidente de ArCham (Argentine Chamber of Commerce in Australia)